LFC | Superclub | Buenos Aires, Argentina | 30 Agosto 1997

1997-08-30-LFC-Superclub

Los Fabulosos Cadillacs se presentan en ‘Superclub‘ en la ciudad de Buenos Aires el día 30 de Agosto de 1997, tan solo tres meses antes de la presentación oficial de ‘Fabulosos Calavera‘ en el Estadio Obras.

En las palabras del amigo Quemero Fabuloso revivimos las circunstancias de como de desarrollo el show esa noche:

“…Era un lugar que no estaba preparado para una banda asi, un sotano no muy grande donde metieron 2500 personas x show, fue todo una locura, si entrabas al baño no salias, no termino mal de casualidad. A los 2 dias del show en una nota de Clarin salió que apenas conectaron todos los instrumentos el aire acondicionado no funcionó mas, fue todo una locura, era en un sotano, una escalera muy finita y encima en el entrepiso un puesto que vendía merchandasing de los cadillacs, todos queríamos salir rapido a la calle para respirar y no se podía! Como ‘Obras’ estaba causurado el recital se pasó a otro lugar en Caballito en Capital Federal llamado La Rosa, y a pocos días del concierto tambien clausuraron ese lugar, por eso terminó haciendose en Superclub…”

La calidad del audio es de ambiente y no la mejor, pero para todo fan sin duda es una joya de archivo y con una excelente selección de temas en la primera etapa de ‘Fabulosos Calavera‘.

Setlist:

1]Muralla China
2]El Muerto
3]Carmela
4]Saco Azul
5]Il Pajarito
6]El Carnicero de Giles [Sueño]
7]Padre Nuestro
8]Sábato
9]El Satánico Dr. Cadillac
10]Caballo De Madera
11]A.D.R.B. [En Busca Eterna]
12]Mal Bicho
13]El Genio Del Dub
14]Surfer Calavera
15]Paquito
16]Matador
17]Piazzolla
18]Estrella de mar
19]Basta de llamarme asi
20]Howen
21]Monkey Man
22]No Acabes
23]Silencio Hospital
24]Yo no me sentaría en tu mesa

Diario Clarín | 31 Agosto 1997

MUERTE Y RESURRECCION
Los Cadillacs son una nueva banda. Presentaron su disco y mostraron una perturbadora calidad.

FERNANDO GARCIA
En el final fueron los covers. Y en el aire infrahumano del Superclub -una discoteca del microcentro que se superpobló tras la clausura de Cemento y La Rosa– se terminó de materializar una reencarnación. Los covers, bah, no eran exactamente eso. Pero es que en esta oportunidad Yo no me sentaría a tu mesa y Silencio Hospital, caballitos de batalla en la primerísima hora del grupo, sonaron tan entrañables como otras noches pero -por primera vez- ajenos. Y entonces fueron Los Fabulosos Calavera interpretando a Los Fabulosos Cadillacs.

Fabulosos Calavera es el nombre del último disco del grupo, una obra compleja y costosa que requirió de una inusual campaña de promoción y que resulta también la máxima que guía su metamorfosis. Así es que, relajado, Vicentico canta Matador (donde el compacto bajista Flavio cambia el Resiste Victor Jara original por un más noticioso Resiste Maradona), superhit que les abrió definitivamente las puertas de la masividad tanto como los expuso a las fauces del desgaste. Ahora vuelve a cantarlo -y con su mejor voz de crooner reo- porque consiguió tomar distancia. Es un cadillac calavera.

Y este grupo, que es el mismo pero otro, consigue que su público adolescente y muy heterogéneo se integre al cambio. Al menos, se han aprendido de memoria las mortuorias letras del nuevo disco. Lo que les cuesta más es seguirlas con el cuerpo. Las canciones calavera operan una seducción histérica en una audiencia acostumbrada a bailar con una banda bailable que esta noche aparece y desaparece. Los chicos siguen los ataques de la sección de vientos y, segundos después, se pierden en los vericuetos progresivos marca Calavera. Que, en el mejor de los casos, invitan a la desorientación y, en el peor, aceleran tanto que se acalambran.

Y entonces la muchachada que sigue en cortocircuito los temas nuevos, entre los que se destaca especialmente Il Pajarito, deberá esperar números puestos como El satánico Dr. Cadillac y el mix de Mal Bicho y El genio del dub, para llegar al orgasmo del festejo. Esta noche, Los Cadillacs hacen saltar los tapones del Superclub.

Hay una sobrecarga eléctrica en la línea, el equipo del grupo resulta excesivo y eso provoca que el aire acondicionado del local diga basta. El fenómeno se traslada al escenario, donde tras la fachada de esa big band rockerlatina de siempre (desde los tiempos ska iniciáticos pasando por la salsa hasta llegar al concepto alterlatino, internacionalizado por Mano Negra) se oculta ahora un power trío. Una conspiración de guitarra, bajo y batería que desde los incisivos solos de guitarra (un recurso mucho más calavera que cadillac) de Ariel Minimal apunta contra la estructura conocida del grupo.

Así, Los Cadillacs suenan a Carlos Santana, a La Banda de Rubén Rada o a lo que ellos patentaron como propio hasta que un arrebato de heavy metal extremo los haga volar por los aires y aterrizar en un aire de jazz de hotel cinco estrellas. Todo esto, por ejemplo, sucede en un tema de nombre Sabato: lo más increíble (lo mejor) de todo es que la palabra híbrido no sea exacta para describir lo que sucede en el escenario.

Hay una banda nueva en la noche harto calurosa del Superclub y un cantante que canta y se mueve con una seguridad y una calma inéditas en él. A sus espaldas, se ha abierto una caja de Pandora que establece una guerra entre músicas y ritmos a la que él le canta con obsesivas palabras de muerte. Todo había empezado con El muerto, el único hit reconocible del nuevo disco. Y terminó con una sucesión de viejas páginas ska.

La noche había cerrado: para no morir los Cadillacs reencarnaron en Calaveras. Y estuvieron fabulosos.

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